Road movie


-¿Has probado las berenjenas asadas?
En ese momento se dio cuenta de lo inútil que era perder el tiempo al lado de esa mujer. Así que cogió su mochila y se cambió a uno de los asientos traseros del autobús. 2 noches en un mismo asiento y con un paisaje cambiante a 80km por hora, dan para replantearte el porqué estas ahí sentado.
Angelita cansada de no hacer nada, recordaba los días en los que debía correr largas y peligrosas distancias para entregar mensajes secretos. A menudo recuerda como reunidos en torno a una mesa saboreaban las berenjenas asadas, lo mejor eran las sobremesas, recuerda, era entonces el momento de compartir experiencias, de definir los próximos objetivos de la organización. Esos eran tiempos llenos de sentido para Ángela, ahora ninguno de sus compañeros vive.
El asiento trasero es francamente incómodo, Manu ya lo sabía, pero necesitaba un cambio, en el fondo tampoco le molestaban tanto las absurdas preguntas de la vieja. Lo que necesitaba era saber porqué estaba haciendo ese viaje. Quizá ella se alegre al verme, piensa con una mueca en sus labios, pero esa posibilidad no es la única. ¿Qué le había llevado a pensar que esa era la elección correcta? El romanticismo trata de cegarlo, pero es en sí la desesperación por volver a sentir de nuevo, lo que le ha subido al autobús.
La noche se está cerrando y lo único que quiere Ángela es dormir, a ciertas edades las prioridades cambian, te vuelves primitivo suele decir Ángela con un leve gesto de resignación.
-Sí las he probado.
Manu se ha sentado de nuevo a su lado.

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