domingo 21 de junio de 2009

el año pasado la vaquilla pilló a un señor...


El año pasado la vaquilla pilló a un señor. Mi madre que siempre estuvo en contra de los acontecimientos taurinos, estaba allí para reivindicar su indignación y claro, al verlo su rostro se iluminó. Por fin se habían escuchado sus plegarias. Todo el mundo pensó que se ruborizaba ante el dantesco espectáculo del señor en cuestión, y digo en cuestión por no decir en cueros. La vaquilla se había dedicado a despojarle de sus prendas, una a una. Como en el mejor de los estreptees, la gente gritaba, algunos se tapaban los ojos con las manos abiertas y sólo uno de ellos bajó al ruedo a lidiar con la bestia.

La tensión era máxima, sobre todo para el nuevo inquilino de la plaza que acababa de mudarse al pueblo y esto podría costarle un mote perenne, una historia que le acompañaría hasta el fin de su existencia. Y es que, era demasiado duro dejar un lugar por las historias que a él se entrelazan. Él lo sabía bien. Movido por la ilusión de encajar por fin en un sitio, cogió el capote que un mozo le lanzó y se plantó frente a la vaca.

Vaca, cansada de cargar con el señor desnudo, dio media vuelta e hizo una reverencia a mi madre, o al menos eso pensó ella. La verdad, desde que comenzó a hacer yoga, se sentía en paz, en conexión con la tierra. “La pacha mama este contigo”, me decía al salir de casa...

martes 16 de junio de 2009

el cine es ficción



En el sofá, combatiendo contra sus horribles ataques de sueño, disfrutaba del eterno cigarro de Jean-Paul Belmondo, en al final de la escapada, repitiéndose a sí misma, con esmerada actitud racional que el cine es ficción, que las eternas conversaciones insustanciales cargadas de motivos trascendentales no existen, que tan sólo una mirada no basta y que en el amor, en el cine así en la política como en la guerra todo se mueve por el interés...

sábado 6 de junio de 2009

¿Quién se pondrá mis chanclas este verano?


A veces, crees que sólo suceden las cosas que puedes sentir…
Hoy, ya no es hoy, porque… estoy muerta ( se me erizan los pelos del brazo al escribir esto).

Desde la ventana del autobús, él me ha disparado. Lo ha hecho con su pistola de manos entrelazadas.
Se levantó esta mañana, se vistió, tomó los cereales que le dio su mamá y mientras, planeó mi muerte…

lunes 1 de junio de 2009

el portero


Para Luis los días transcurrían limpiando las hojas, poniendo la ruinosa alfombra de la entrada, despejando el polen de la puerta y refrescando los suelos con agua cuando el calor apretaba, esto en sus escasos tiempos laborales el resto del tiempo escuchaba la radio, fumaba sin estilo pero con ansia, y leía, leía todo lo a sus manos llegaba, que por extrañas leyes físicas, eran siempre los periódicos deportivos, en los que la última página pasaba desapercibida para él. Se podía decir que buscaba otro tipo de placeres, sensaciones que perseguía desde niño y que la azarosa vida no le había concedido, siempre de algún modo se sintió encerrado por barreras invisibles, absurdos impedimentos lejos de la lógica. Pero eso nadie lo sabía, reprimía cualquier síntoma de mostrar sus carencias emocionales.
Luis vivía en el mismo bloque en el que trabajaba, en una especie de sótano habilitado, la ventilación era escasa, y la asfixiante carga que suponían su esposa y sus dos hijos para él, hacían que el estrecho pasillo que comunicaba las viviendas con el patio, tuviera un olor insoportable, rancio e inquietante.

Los domingos no deberían considerarse como día de descanso, o al menos eso pensaba Luis. Para él no era más que la cuenta atrás para la recogida de la basura acumulada en el fin de semana. Le resultaba una tarea insoportable, y nada estimulante, aunque había conseguido atenuar el trabajo al contar con la ayuda de su hijo, al que poco a poco habituaba a sus tareas.
En el intermedio de uno de los partidos, al llegar las 8 de la tarde, sin reclamar a su hijo, salió de su casa tomó el ascensor y piso por piso fue cargando los cubetos.
Con extrema discreción y de manera superficial examinó el contenido de las bolsas de sus vecinos, nunca había experimentado tanta excitación ante la basura, se asombraba cada vez que el número del ascensor descendía una unidad, y se ruborizaba cuando una puerta crujía o traspasaban voces de las aparentemente sosegadas viviendas.
Aunque creía nuevas para él esas sensaciones, no lo eran. Si bien, era cierto que estaban enterradas entre sus desdichas pero no sospechaba, que fueran la causa irrefutable de su peculiar comportamiento, indefinible para él, aun menos para los que lo rodeaban.
Acabó la recogida, salió, fumó un cigarrillo y a la par que el humo salía de su boca lo hacían también sus pequeñas dosis de imaginación e ingenuidad.

jueves 21 de mayo de 2009

¿Es de noche?


A ¿Es de noche?
B No, aún luce el sol.
A Entonces... creo que me quedé ciego
B No puedo decir que me extrañe, llevas meses sin comer pescado. Si al menos bajases de vez en cuando al río. Últimamente estoy pescando mucho.
A Me tomas el pelo…, tú sólo robas a los pobres ancianos que dormitan en las rocas.
B ¡No es robar!, formo parte de un ecosistema.
A Eres un ladrón, por eso tuvimos que huir al bosque…, hubiésemos ardido con nuestra casa, ¡Malditos vecinos sedientos de venganza!
B La venganza es un defecto congénito del ser humano, no se lo tengas en cuenta…
A ¿Aún no es de noche?
B Me temo que no, puedo sentir el sol en mi piel…

domingo 17 de mayo de 2009

La cueva de mi casa es particular


Sabía cuáles eran sus límites, admitía algunas de sus virtudes, veía muy claras las limitaciones ajenas, y a pesar de su tortuosa inseguridad sabía que podía estar a la altura de cualquier situación, tenía una fe ciega en su sentido común.
Al acostarse, se cercioraba de que la puerta de la casa quedara bien cerrada, lo menos lo comprobaba 5 veces, era una especie de ritual.
Las mañanas avanzaban a velocidades astronómicas. Nunca tenía tiempo para ordenar sus cosas. La cama pasaba toda la semana revuelta; Aunque al acostarse, cuando experimentaba la desagradable sensación de las sabanas arrugadas en sus pies, se prometía que la siguiente noche sería distinto.
Su aparente caos era mucho más que eso; era un estilo de vida, una especie de filosofía moderna, que llevaba al pie de la letra. Nunca realizaba un esfuerzo fuera de lo normal para cumplir sus propósitos, era una forma de huir de la decepción. No esperaba nada de los momentos, pero, al mismo tiempo, necesitaba la sucesión de nuevas vivencias. No se concentraba en lo que hacía instantáneamente y miraba al futuro próximo con tristeza y pesimismo.
En su cabeza tenía muy bien estructurado como le gustaría ser, las cosas que nunca hizo por su auto-limitación, y los tipos de personas de los que desearía estar rodeada.
Cualquier frase que abandonara su boca debía pasar antes un vasto control de calidad, que se realizaba en nanosegundos. Sabía las reacciones que provocaría en su contertulio y cual sería su siguiente argumento. Esta personalidad fría, controladora y con propósitos de liderazgo, se hallaba oculta bajo una capa pesimista, con escaso amor propio, que le dotaban de un aspecto vulnerable y entrañable para el resto. Su doble perspectiva le causaba a menudo conflictos internos. Por un lado se percataba de la hipocresía que le rodeaba, pero, al mismo tiempo se empapaba de ella. En muchas situaciones estas segmentaciones internas le llevaban hasta la locura. Sentía impulsos irrefrenables de propinar un buen bofetón, de chillar o incluso de lanzarse a las vías del metro. Pero todo ello, pensaba, formaría parte del loco que todos llevamos dentro...

sábado 9 de mayo de 2009

Locura travestida


Al fin nos conocemos, me susurró al oído. Por la forma en la que me miró, no lo dudé. Era un loco más... Así que, hice que desapareciera.


Porque los locos se van si no les prestas atención. Ella me lo había dicho. Tal vez ella sabía, que si les haces caso, la locura se traspasa a ti.


Así día tras día, Locura sobrevive. Se transforma, se traviste y se traslada a cualquier lugar, con tal de acompañar a las causas más nobles.